Mi primer historia “Todo sucedió por seguir a un murcielago” Sildane Simspatía

Todo sucedió por seguir a un murciélago

Las gotas golpean sobre la ventanilla del micro mientras Hanna lee un libro: El Quijote de Cervantes Saavedra en este preciso párrafo:

“…_la Galatea, de Miguel de Cervantes_dijo el barbero.

_Muchos años a que es grande amigo mío ese Cervantes, y sé que es más versado en desdichas que en versos”…

Inevitablemente se compara en sus desdichas y evoca su viaje inolvidable por la ciudad luz, cuando un pensamiento le nubla su rostro perturbándola.

Por qué lo habrá seguido? Si era un presagio de lo que iba a ocurrir más tarde.

Ella pensó que era un indefenso pajarillo asustado, pero no, era un murciélago que trató de engañarla para que Hanna lo siguiera.

Y ella lo hizo, fue detrás del nefasto roedor con alas, quien la condujo a una oscura y tenebrosa cueva.

Ya dentro de ella, tropezó y quedó enganchada entre unas ramas, en una posición muy incómoda que le impedía respirar con facilidad.

Ya casi al borde del desmayo, en un esfuerzo por liberarse, pegó un tirón que le permitió desatarse.

Se sentía abrumada, pero sacó fuerzas de donde pudo y se puso de pie, buscó en un pequeño bolso que colgaba como bandolera una diminuta linterna y allí lo vio.

Como una flecha fulminante el brillo de sus ojos se posó en los de ella, fue amor a primera vista, como si Cupido los hubiese unido en ese instante.

Eufórica, se apresuró a desatarlo, ya que él también había caído en la trampa. Él ya estaba desahuciado.

No cruzaron palabras, solo miradas, miradas profundas y penetrantes, llenas de amor.

No había tiempo para coqueteos, las palabras sobraban, pero sabían que debían huir de allí; ese lugar era demasiado peligroso para un juego de amor.

Ella sintió un chillido muy desagradable, casi un alarido de muerte, y comenzó a correr, desesperada.

Lo perdió, no lo volvió a ver, los días que le quedaban de su paseo  lo pasó buscándolo, tal vez él hizo lo mismo.

Llegó el día de la partida, su tristeza era infinita, pensar que había encontrado el amor de su vida y así de repente se había perdido.

Subió al micro, se le acercó un chico, que con muy poca educación trató sin éxito de arrebatarle el bolso.

Hanna con firmeza, se dio cuenta de la maniobra y se aferró fuertemente a su bolsito, y mirando las gotas que caían desde el cielo gris trató de secarse sus propias lágrimas con una carilina que tenía dentro de la carterita, y allí junto con la linterna un sobrecito rojo que decía así…

“Tus ojos me han maravillado, quiero verte otra vez, búscame en la calle Roux n|…

En un estado de perturbación baja casi corriendo del micro, estaba cerca del lugar, no todo estaba perdido, no se podía permitir perder tal vez al amor de su vida.

Llega toda empapada, pero feliz y un abrazo casi eterno es el preludio de una hermosa historia de amor.

 

 

 

Fin

Todo sucedió por seguir a un murciélago

 

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